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Compañeros de cuarto compraron un sofá y se llevaron tremenda sorpresa

Muchos de nosotros tenemos historias con sofás viejos, particularmente esos que tuvimos que comprar mientras estabamos en la universidad y el dinero no nos alcanzaba para más nada. Pero no muchas historias son como la de estos 3 compañeros de cuarto en New Paltz, Nueva York, quienes tuvieron la suerte de la vida.

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Todo comenzó cuando los compañeros de cuarto Reese Werkhoven, Cally Guasti y Lara Russo tuvieron que comprar un nuevo sofá para el apartamento que compartían en Nueva York. Los chicos, que no tenían mucho presupuesto, tuvieron que buscar un sofá usado que entrara en el pequeño espacio que hacían llamar su sala de estar. Consiguieron uno en una pequeña venta de garaje que les pareció perfecto pues solo costaba 20$ y lo llevaron a su casa.

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Sin embargo, al tenerlo ya en su sitio se percataron que había muchos bultos extraños en uno de los lados del sofá que no se sentían como el relleno normal. Los tres adolescentes buscaron un cuchillo para romper la tela y para su sorpresa se dieron cuenta que los cojines del sofá estaban rellenos con dinero.

Tenía estos papeles de envolver con burbujas, dos o tres de ellos. Los rompimos y empezamos a volvernos locos pues había por lo menos 10 cm de grosor de puros billetes de 100$” comentó Werkhoven.

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Los muchachos siguieron rompiendo el sofá encontrando más sobres como el descrito anteriormente guardados, sacando dinero com si se tratara de un cajero automático. “Lo máximo que me había conseguido en un sofá fue 50 centavos. Honestamente estaría contento cn conseguirme 5$, así que podrán imaginar cuando conseguimos esto”.

El descubrimiento fue como un sueño para los tres amigos quienes algunos aún están en la universidad o se acaban de graduar. Mientras contaban el dinero hablaban de lo que harían con él. Werkhoven dijo que quería comprarle a su mamá un nuevo auto. Sin embargo, al seguir investigando consiguieron el nombre de una persona entre los billetes que los puso con un problema ético.

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Tuvimos muchas discusiones morales sobre el dinero pero todos aceptamos llevar el dinero a la persona que le pertenecía. Es su dinero, nosotros no lo ganamos. Sin embargo, había muchas áreas grises que considerar” aseguró Russo respecto al tema.

Varias llamadas después dieron con la dueña del sofá. Resultó que el dinero había sigo guardado dentro del mueble por su marido, quien siempre tuvo miedo de no poder estar allí para su esposa y se había dado a la tarea de guardar parte de sus ahorros de toda una vida allí en caso de que falleciera.

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