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Razones por las cuales no deberías ir sola al gimnasio

Ir al gimnasio es una actividad recreativa que nos proporciona toda una lista llena de beneficios: principalmente nos da como resultado un mejor estado de salud, y en adición a esto también nos permite socializar con las personas que entrenan con nosotros y hacer nuevas amistades. Aunque muchas veces sólo nos enfocamos en el dolor y en el enorme esfuerzo que hacemos al ejercitarnos (que muchas veces termina desalentándonos, por cierto), increíbles cosas pueden sucedernos si apartamos eso de nuestra mente.

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Aunque se cree que es una actividad más masculina que femenina, en las últimas décadas ha incrementado el número de mujeres que acuden a un gimnasio para mejorar y tonificar su figura con la finalidad de sentirse más seguras con ellas mismas además de forjar poco a poco un estilo de vida saludable.

Sin embargo, cómo en toda disciplina, en estos casos para empezar a entrenar lo más conveniente es apoyarse en los conocimientos de un experto en la materia, pues independientemente del género de cada quien, todos queremos ejecutar la rutina de ejercicios del día de manera correcta, para así evitar lesiones que puedan perjudicarnos.

Algunos entrenadores de gimnasio tienen la particularidad de sólo dar instrucciones y algunas recomendaciones a una persona para luego pasar a asistir a alguien más de inmediato, pero lo ineficaz de este sistema es que suelen descuidar de cierta forma a sus alumnos al abarcar tanta gente simultáneamente. Es por esto que algunas chicas, quizás por temor a hacer un mal movimiento, prefieren un instructor personal que de verdad se dedique 100% a ellas.

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De hecho, así era el caso de la protagonista de nuestra historia: Ella, una mujer muy guapa, joven y con un excelente cuerpo, comenzó a ir al gimnasio por voluntad propia en donde conoció a su instructor quien la ayudaba de forma muy atenta en sus ejercicios. Un día el entrenador se encontraba indispuesto por problemas personales y la chica tuvo que valerse por sí misma.

El experimento tenía el objetivo de determinar las expresiones de las personas ante estos gemidos estruendosos. En el siguiente video podrás ver las grabaciones de las cámaras escondidas y la reacción de las personas involucradas.

Ella fue muy astuta y decidió buscar apoyo en los hombres que se encontraban a su alrededor, pero lo que éstos no se esperaban era que iban a ser parte de un experimento social bien extraño: En plena serie, justo cuando un hombre la ayudaba, ella comenzaba a hacer gemidos incontrolables como si estuviera en pleno clímax. Por su puesto, esta clase de sonidos no pasaban por desapercibidos, pues todas las personas de la habitación volteaban para ver que ocurría.

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